Sona, de 16 años, ha pasado prácticamente toda su vida en la industria del entretenimiento, donde fue utilizado desde los tres meses de edad para participar en números de magia y como reclamo para el público. Durante años vivió en condiciones precarias, alojado en un remolque con acceso a una pequeña jaula exterior.
El rescate ha sido posible gracias a la colaboración con la organización Pangea Trust, tras la entrada en vigor de la legislación portuguesa que prohíbe el uso de animales salvajes en circos a partir de julio de 2025. Aunque el caso de Sona era conocido desde 2018, hasta ese momento no se podía intervenir legalmente.
Secuelas de una vida en cautividad
El estado de salud del animal refleja las duras condiciones a las que ha sido sometido durante años. Sona presenta importantes secuelas físicas: ha sido desungulado en sus patas delanteras —una práctica que implica la amputación de la primera falange de los dedos—, carece de un colmillo debido a una infección previa, sufre cataratas severas y tiene una musculatura debilitada por la falta de movimiento. Además, presenta lesiones en las almohadillas tras haber vivido sobre superficies duras sin condiciones naturales adecuadas.
Desde AAP subrayan que este caso no es aislado y recuerdan que, aunque en España el uso de animales salvajes en circos está prohibido desde 2023, en otros países europeos todavía se permite. En este sentido, la organización insiste en la necesidad de avanzar hacia una prohibición a nivel europeo.
Un nuevo comienzo en un entorno adecuado
Tras su llegada a las instalaciones de AAP, Sona inicia ahora un periodo de cuarentena en el que recibirá atención veterinaria especializada y podrá adaptarse progresivamente a su nuevo entorno. Durante este tiempo se le realizarán análisis clínicos completos para evaluar su estado de salud y descartar posibles enfermedades.
Una vez finalice este proceso, el tigre podrá acceder a un espacio natural, donde por primera vez en su vida podrá moverse en condiciones más adecuadas a su especie.
Con este rescate, AAP no solo ofrece una nueva oportunidad a Sona, sino que simboliza también el avance en la protección animal en Europa y el fin de una práctica cada vez más cuestionada por la sociedad.