La versión que se representa en Villena parte del texto de Christopher Hampton, inspirado en la célebre novela del siglo XVIII, y llega a escena con una puesta en escena depurada y minimalista bajo la dirección de David Serrano. Un lenguaje escénico que, según Cremonte, exige una entrega absoluta: “No hay dónde esconderse. El espectador solo puede mirar a los actores. Esa desnudez obliga a estar muy presente y muy conectada con el oficio”.
En esta adaptación, la obra aborda cuestiones como el abuso de poder, la manipulación emocional, el consentimiento o la impunidad, temas que, lejos de haber perdido vigencia, resultan hoy especialmente incómodos. “Incomoda porque no todo es blanco o negro, hay muchos grises, y eso nos obliga a hacernos preguntas”, reflexiona la actriz, convencida de que el teatro sigue siendo un espacio privilegiado para poner nombre a conflictos que cuesta abordar en otros ámbitos.
Cremonte interpreta a Madame de Tourvel, un personaje que define como “el epítome de la bondad”, una figura pura en medio de un juego cruel de estrategias emocionales. “Me gusta habitar esa bondad durante la función, aunque sea por un rato. Es algo que conecta mucho conmigo”, confesaba. La actriz destaca también el peso del silencio del público, uno de los grandes termómetros de la función: “Hay momentos en los que el silencio es total, y eso también es emoción. No hace falta nada más”.
Con una historia que, en palabras de Baudelaire, “arde como el hielo”, Las amistades peligrosas propone un viaje intenso por las luces y sombras de la condición humana. Una cita imprescindible este sábado en el Teatro Chapí para quienes buscan un teatro que sacude, emociona y deja huella.