«Yo creo que como actriz es de los proyectos más emocionantes en los que he trabajado», ha afirmado Iwasaki sobre un montaje escrito y dirigido por Carolina Román, que reúne a Luisa Gavasa, María Peláe, Raquel Varela, Laura Porras y la propia Iwasaki, con Alejandro Pelayo al piano y en la dirección musical.
Tres miradas a una misma vida
La obra sitúa su punto de partida en los últimos tres días de vida de la cantante. Según ha explicado Iwasaki, el texto recoge testimonios de sus cuidadores sobre unos momentos en los que los recuerdos y las personas del pasado se mezclaban con el presente.
Esa combinación permite que distintas dimensiones de Chavela convivan en escena. Luisa Gavasa interpreta a la artista en sus últimos días; María Peláe representa su figura ante el público a través de la canción; e Iwasaki se adentra en su vida personal, su infancia y sus recuerdos más dolorosos.
Raquel Varela y Laura Porras dan vida a diferentes personajes de ese universo, mientras el piano de Pelayo acompaña la acción. Para Iwasaki, esa presencia musical llega a sentirse como «un personaje más invisible en el escenario».
Interpretar desde la emoción propia
Uno de los criterios fundamentales del trabajo, ha relatado la actriz, fue acercarse a Chavela desde la experiencia de cada intérprete, evitando convertirla en una caricatura. «Porque si algo caracteriza a Chavela es actuar desde una verdad absoluta, y lo que se nos pedía a nosotras era que abordásemos desde nuestra propia verdad sus letras y sus canciones», ha explicado.
Iwasaki recuerda especialmente uno de los primeros ensayos, cuando cantaron juntas La Llorona, mirándose y sin apenas indicaciones. Aquel encuentro les permitió descubrir una conexión que, según asegura, sigue presente después de alrededor de 140 funciones.
La actriz ha destacado también la singularidad de un proyecto escrito y dirigido por una mujer, dedicado a otra y representado por cinco intérpretes de distintas generaciones. «Tratamos de hacer un ejercicio de desnudez emocional las unas con las otras cada vez que hacemos este montaje», ha señalado.
La fragilidad detrás del carácter
El espectáculo aborda la soledad, las heridas familiares, la represión y la relación de la cantante con el alcohol. Iwasaki ha explicado que ese recorrido permite comprender la vulnerabilidad que convivía con la imagen de mujer fuerte y combativa.
Para ella, la preparación del personaje también ha supuesto un aprendizaje personal sobre las despedidas. «Para mí, algo que ha sido interesante abordar a través de Chavela ha sido la reconciliación con las despedidas, con el soltar», ha expresado.
La actriz encuentra en las canciones y en la trayectoria de Vargas una reflexión sobre cómo seguir adelante y agradecer lo vivido, incluso cuando una experiencia ha provocado dolor.
Un público que acaba cantando
Esa emoción se extiende al patio de butacas. Iwasaki ha contado que, en un momento de la representación que prefiere no desvelar, el público suele sumarse al canto de La Llorona. Escuchar esas voces junto a las del reparto se ha convertido en una de las experiencias que más recuerda de la gira.
La intérprete considera que la obra puede conectar también con quienes apenas conocen a Chavela, porque plantea una cuestión universal: qué sucede cuando alguien se despide de la vida y cómo lo acompañan quienes lo cuidan. «Todo el mundo va a pensar en su madre, en su abuela o en un ser querido», ha apuntado.