La proliferación de tardeos, festivales, viajes, cenas, conciertos, barras, mercados, actividades gastronómicas y eventos organizados por asociaciones ha generado inquietud en algunos sectores económicos que consideran que determinadas iniciativas han dejado de tener únicamente un carácter benéfico o social para convertirse en propuestas que compiten directamente con negocios que desarrollan esa misma actividad durante todo el año.
Desde el ámbito empresarial se recuerda que comercios, bares, restaurantes y empresas de servicios asumen costes permanentes como alquileres, salarios, impuestos, seguros, suministros, licencias o campañas publicitarias. Por ello, algunos empresarios consideran que resulta difícil competir con actividades puntuales organizadas por entidades que cuentan con una estructura y obligaciones diferentes.
Por otro lado, las asociaciones defienden que estos eventos son una herramienta imprescindible para recaudar fondos, financiar proyectos y garantizar la continuidad de muchas iniciativas sociales que benefician al conjunto de la población.
La cuestión no es sencilla. Nadie discute el valor social de las asociaciones ni la importancia de su trabajo. El debate aparece cuando determinadas actividades comienzan a parecerse cada vez más a las que desarrollan empresas privadas en el mercado.
La pregunta que surge entonces es legítima: ¿estamos ante acciones solidarias destinadas a recaudar fondos o ante actividades económicas que pueden alterar las reglas de la competencia?
Probablemente la respuesta no sea la misma en todos los casos. Pero sí parece evidente que se trata de una reflexión que merece ser abordada con serenidad, transparencia y equilibrio, buscando compatibilizar el imprescindible papel del tejido asociativo con la sostenibilidad de las empresas que generan empleo y actividad económica durante todo el año.
Porque tanto asociaciones como empresas forman parte del mismo ecosistema social. Y encontrar el equilibrio entre ambas realidades es un reto ante el que ya nos tenemos que posicionar.