El proyecto, alineado con el consenso nacional sobre la diabetes tipo 1, se centra especialmente en hermanos, hijos y padres menores de 45 años de pacientes con DM1. La detección precoz permite establecer un seguimiento personalizado y reducir el riesgo de debut brusco de la enfermedad, que en algunos casos puede derivar en complicaciones graves como la cetoacidosis diabética.
Protocolos diferenciados para población pediátrica y adulta
En el caso de la población pediátrica, el protocolo se inicia con una entrevista informativa a las familias y la realización de un análisis de autoanticuerpos específicos (GAD, IAA, IA-2 y ZnT8). Si el resultado es negativo, se informa de que el riesgo inmediato es bajo, aunque se recomienda repetir el cribado en edades clave: entre los 2 y 4 años, de 6 a 8 años y de 12 a 14 años.
Cuando los resultados son positivos, se establece un control periódico adaptado a la edad y al estadio de la enfermedad, que incluye pruebas como glucemia, hemoglobina glicosilada (HbA1c) y sobrecarga oral de glucosa, así como monitorización continua de glucosa cuando está disponible.
Para personas mayores de 15 años, el proceso también comienza con el análisis de autoanticuerpos. En caso de positividad, se realizan pruebas complementarias de glucemia, HbA1c y sobrecarga oral de glucosa con 75 gramos. Un único anticuerpo positivo conlleva un seguimiento anual, mientras que la presencia de dos o más anticuerpos o un estadio 2 de la enfermedad supone la derivación al servicio de Endocrinología. El cribado se mantiene hasta los 45 años.
Ampliación del cribado y beneficios del diagnóstico temprano
El programa prevé además ampliar el cribado a personas con patologías autoinmunes asociadas, como celiaquía, hipotiroidismo autoinmune o enfermedad inflamatoria intestinal, colectivos que presentan un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 1.
Desde el Departamento de Salud de Elda se subraya que la detección precoz no solo permite reducir ingresos hospitalarios y complicaciones graves, sino que también aporta tranquilidad y seguridad a las familias, además de disminuir el impacto emocional que supone un diagnóstico inesperado, especialmente en niños y adolescentes.
Asimismo, identificar de forma temprana a personas con predisposición a la diabetes tipo 1 facilitará, en el futuro, el acceso a nuevos tratamientos preventivos que actualmente se encuentran en fases avanzadas de investigación.