El encuentro, bajo el lema “El valle de Sierra de Salinas nos mira”, consistió en un recorrido con cuatro paradas informativas en distintos puntos del valle, donde los participantes pudieron conocer de primera mano la magnitud de las transformaciones ya visibles: terrenos agrícolas arrasados, almendros y cerezos arrancados, lomas explanadas y caminos convertidos en pistas para maquinaria pesada. En cada parada, miembros de la asociación explicaron el estado de los proyectos en tramitación y las alegaciones presentadas por Salvatierra ante las administraciones competentes.
Un paisaje en riesgo y una comunidad que despierta
Durante la caminata, los asistentes escucharon los testimonios de agricultores, vecinos y naturalistas que alertaron sobre la pérdida de biodiversidad en la zona. Se citaron especies emblemáticas del valle como el águila real, el búho real, la ganga, el sisón o el murciélago ratonero patudo, además de recordar la flora endémica de los arenales del Puerto, única en la península ibérica.
Según explicó la organización, la instalación masiva de plantas solares industriales en este entorno “pone en riesgo ecosistemas de gran valor ecológico, cultural y agrícola, borrando siglos de historia y equilibrio natural”.
Los participantes coincidieron en que esta situación es consecuencia directa de la falta de planificación urbanística y ambiental, de la presión de las grandes empresas energéticas y de la inacción política. En palabras de los organizadores, “hemos fallado en nuestra responsabilidad colectiva: como sociedad, como administración y como ciudadanía. Pero reconocerlo es el primer paso para cambiarlo”.
Del lamento a la acción
Lejos de ser solo una protesta, la jornada tuvo un tono constructivo y esperanzador. La Asociación Salvatierra insistió en la necesidad de avanzar hacia modelos energéticos sostenibles y de proximidad, promoviendo comunidades energéticas locales, autoconsumo responsable y una transición ecológica justa, que no sacrifique el territorio rural en beneficio de intereses externos.
El acto concluyó con un mensaje de unidad: “El valle de Villena sigue vivo mientras haya quien lo recorra, lo nombre y lo defienda”. Para la asociación, este tipo de encuentros refuerzan el vínculo entre las personas y su entorno, recordando que “defender la tierra no es mirar al pasado, sino proteger el futuro que queremos habitar”.
La caminata de Salvatierra se convirtió en una llamada a la conciencia ciudadana y a la acción colectiva frente a un modelo energético que amenaza con transformar de forma irreversible el paisaje y la identidad del valle de Sierra de Salinas.