Más allá de los conciertos y actuaciones que llenarán la ciudad los próximos 12 y 13 de junio, el VEM se ha convertido en un fenómeno social y cultural que refleja una de las principales señas de identidad de Villena: su estrecha vinculación con la música.
El alcalde de Villena, Fulgencio Cerdán, destaca precisamente ese carácter especial del festival, que define como «un gran acontecimiento» no por sus dimensiones físicas, sino por su capacidad para llegar a cientos de músicos y músicas de la ciudad. Para el primer edil, la grandeza del VEM reside en su sencillez y autenticidad: «Ofrece sobre todo música y músicos. En estado puro».
Una idea sencilla que transformó la ciudad
El origen del VEM se remonta a una pregunta que se hicieron hace una década sus impulsores, Pepe Ayelo y Paco Flor: cuántas personas con formación musical existían en Villena más allá de las agrupaciones y bandas que habitualmente subían a los escenarios.
«La idea era celebrar la fiesta de los músicos», explica Ayelo. El Conservatorio de Villena, la Escuela de Música, las bandas, agrupaciones y decenas de proyectos musicales independientes evidenciaban una realidad que muchas veces pasaba desapercibida: la enorme cantidad de personas que viven la música en la ciudad.
Lo que inicialmente parecía una propuesta arriesgada acabó revelando un potencial extraordinario. «Empezamos hablando de 800 o 900 músicos y pronto descubrimos que eran muchos más», recuerda Paco Flor.
Un festival imposible de fabricar
Ambos coinciden en que el éxito del VEM no responde únicamente a una programación musical. Su verdadera fuerza radica en la implicación de toda la ciudad. «El VEM se siente; no se puede hacer ni con dinero ni por decreto», resumen sus directores.
Detrás de cada edición existe un complejo trabajo de coordinación que implica a músicos, asociaciones, centros educativos, voluntariado, empresas colaboradoras, técnicos, hostelería y administraciones. Un auténtico puzle organizativo que busca mostrar la diversidad musical de Villena y ofrecer espacios para todas las edades y estilos.
«La música aquí va desde los cinco o seis años hasta los ochenta o noventa», explica Ayelo. «Tiene que verse que Villena es una ciudad musical».
Mucho más que un festival
Para Fulgencio Cerdán, una de las claves del éxito del VEM es haber convertido la música en un espacio de convivencia. Durante dos días, las calles se transforman en puntos de encuentro donde vecinos, visitantes y artistas comparten una experiencia colectiva.
«El VEM no distingue», señala el alcalde. «Ofrece un espacio a todos porque entiende que quien se entrega a la música necesita un escenario, reconocimiento y público».
En una sociedad marcada por la inmediatez y la polarización, el VEM reivindica precisamente lo contrario: la convivencia, la diversidad y la libertad de elegir entre estilos, escenarios y propuestas musicales sin jerarquías ni etiquetas.
Diez años construyendo comunidad
La décima edición llega también como una oportunidad para mirar atrás y reconocer el trabajo de todas las personas que han contribuido al crecimiento del festival desde su nacimiento.
Durante esta década, miles de músicos han pasado por sus escenarios y decenas de miles de espectadores han participado en una iniciativa que ha convertido a Villena en referente musical y cultural.
Un proyecto que mantiene intactos los valores con los que nació: gratuidad, proximidad, participación, diversidad, inclusión intergeneracional y solidaridad.
Porque, como recuerda el propio alcalde en su reflexión sobre el aniversario, la música es mucho más que una sucesión de notas. Es una forma de construir comunidad. Y durante diez años, el VEM ha demostrado que Villena sabe hacerlo como pocas ciudades.