El festival llega a su quinta edición consolidado como una propuesta cultural que busca desmontar el estigma asociado al sufrimiento psicológico, utilizando el arte y la cultura como herramientas de transformación social.
La cultura como herramienta para cuidar la salud mental
El manifiesto que acompaña esta edición recuerda el acuerdo firmado el pasado 8 de octubre entre los ministerios de Sanidad y Cultura de España, que apuesta por una acción coordinada para reforzar la relación entre cultura y salud. Según se señala en el documento, la cultura puede contribuir a prevenir enfermedades, mejorar la salud mental, aliviar el sufrimiento emocional y fortalecer la cohesión comunitaria.
Desde el festival se reivindica que la salud mental es un derecho y no un tabú, y se pone el foco en la necesidad de abordar este ámbito desde una perspectiva colectiva y social. “Hace cinco años soñamos este festival para desarmar el estigma que ha reducido el sufrimiento humano al silencio, la vergüenza y el miedo”, recoge el manifiesto, que resume el espíritu de una iniciativa que busca dar voz a experiencias diversas y romper con las etiquetas que excluyen.
Cinco años luchando contra el estigma
El documento también recuerda el camino recorrido desde la primera edición, destacando el compromiso del festival por cuestionar las ideas preconcebidas sobre la normalidad, la diferencia o el dolor emocional. Desde la organización se defiende una cultura que no solo entretenga, sino que también interpele, repare y genere reflexión, y se reivindica el valor de la diversidad como elemento enriquecedor para la sociedad.
“El arte puede transformar el dolor en expresión, el silencio en palabra y la vergüenza en encuentro”, señalan desde la Fundación Sanamente, subrayando que el festival pretende ser un espacio donde compartir experiencias, sensibilizar a la ciudadanía y promover una mirada más humana y abierta hacia la salud mental.
Con esta nueva edición, Estigma Festival vuelve a situar a Villena como un punto de encuentro entre cultura y compromiso social, invitando a la ciudadanía a participar en una propuesta que defiende que no hay diagnóstico que defina una vida ni normalidad que valga más que una persona.