La voz de alarma ha sido especialmente destacada por la Asociación Salvatierra, que desde hace meses viene advirtiendo del “mar de placas” que ya comienza a modificar de forma irreversible el entorno. Sin embargo, más allá de colectivos puntuales, la respuesta ciudadana ha sido escasa, lo que para algunos vecinos refleja una preocupante indiferencia ante la pérdida de uno de los últimos espacios vírgenes de Villena.
En este sentido, diversas voces plantean la necesidad de reflexionar sobre el legado que se dejará a las futuras generaciones. “Nuestros hijos y nietos nos preguntarán cómo permitimos que todo esto ocurriera sin apenas resistencia”, señalan quienes alertan del impacto de estos proyectos.
La coincidencia con el 500 aniversario del título de ciudad refuerza la paradoja: mientras se celebran actos y conmemoraciones que evocan la grandeza histórica de Villena, se cuestiona si la herencia ambiental que se está forjando es acorde con ese mismo orgullo.
Villena cumple cinco siglos como ciudad. Y la pregunta que sobrevuela la efeméride es clara: ¿será este aniversario un motivo únicamente para mirar atrás, o también un punto de inflexión para replantear el futuro desde la responsabilidad con el territorio?