Entre relatos donde la urbe oprime, el alcohol eleva y la soledad espera al final del camino, descubrimos la maestría de Ribeyro para narrar lo invisible, lo absurdo, lo inevitable. Historias breves, pero hondas, que arrancan una sonrisa amarga y nos obligan a mirarnos. La música, como siempre, también acompaña: una lista de temas con sabor latino que contrastan con el fondo clásico europeo que habita algunos cuentos. Un arranque de año para pensar, leer… y escuchar.