ROBELLONS UN TESORO DEL BOSQUE DE MARI ÁNGELES ALONSO
20 de noviembre de 2025
Mari Ángeles Alonso es nuestra botánica de cabecera, la que siempre tiene una respuesta lista y rigurosa para cualquier duda verde. Esta vez ha sido su amigo Paco “El Ruso”, quien le ha pedido que cuente algunas cosas sobre los níscalos o rovellons, robellones, esclatasangs, mízcalos… y un largo etcétera de nombres que varían según la región.
Su nombre científico lo dice todo: Lactarius deliciosus. Y no es una exageración. Estos hongos aparecen en los bosques, sobre todo en pinares, porque necesitan ambientes húmedos y ricos en materia orgánica.
Pero Mari Ángeles insiste en algo que suele olvidarse: la seta no es el hongo completo.
La parte que vemos y recolectamos el sombrero anaranjado con sus característicos círculos concéntricos, es solo el “fruto”. El verdadero organismo vive bajo tierra.
Ahí, oculto a la vista, se encuentra el micelio, una red finísima y blanca de filamentos que recuerda al algodón. Es como la “madre” del hongo, la estructura que permite que, cuando las condiciones son adecuadas, broten las setas. De hecho bromea, las nuevas generaciones ya no envían cosas por WhatsApp: ahora lo hacen “por micelio”. “Te lo mando por micelio”, dicen.
Otra de las curiosidades del níscalo es su carne: friable, es decir, se quiebra con facilidad. No es fibrosa como otras setas que se rasgan en hebras.
Y si hay una seta famosa en nuestra memoria colectiva, esa es la de David el Gnomo, el clásico sombrero rojo que tanto marcó a generaciones enteras. Aunque no sea un níscalo, sigue siendo el icono setero por antonomasia.