Estamos ante una comedia trágica formada por tres historias unidas por un accidente ecológico. Hace tiempo que su director Rulo Pardo aborda en sus piezas argumentos que hablan de una forma u otra del cambio climático. Y en “Polar” lo hace de forma más directa. Que una osa polar destroce una comedia es la denuncia perfecta sobre estos cambios. Un animal así es tan bello y hermoso como fiero y temible. La huella humana está en todo el planeta. Esta comedia nos recuerda que la tierra no nos pertenece y que el hambre no atiende a fronteras, solo al olor de la carne y las presas que hay dentro de sus muros, explica su autor.
Las tres historias
En la historia ‘Salón’, Marian y Diego son ex pareja. Conversan porque Diego busca el consentimiento de ella para rodar una película de dudosa calidad que le han ofrecido. Mientras charlan en su salón poniendo en tela de juicio la moralidad de los artistas, algo que se escapa a toda lógica está a punto de ocurrir.
En ‘Bar’, una chica ha quedado con su banda de música en un café de carretera a las afueras de San Sebastián. El dueño, un tipo hosco y seco, es cazador y tiene colgados en las paredes todos sus triunfos. Ella es vegana y artista: el espectáculo está servido.
En ‘Montaña’, en la falda del monte Caribú, un biólogo graba los sonidos de la naturaleza. Pero una osa polar busca comida para sus cachorros, pues el deshielo ha llegado hasta donde vive. Él, como buen biólogo, no podrá negarse a ser alimento para una naturaleza que ella representa.
Como dice el equipo creativo de la obra: “Cuando el planeta es tan cambiante y está falto de recursos, una osa polar nos recuerda que el hambre no sabe de fronteras; cuando falta el alimento, hasta la persona mas rica del mundo sigue siendo un buen trozo de carne”.