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VILLENA NO NECESITA VOLVER AL MEDIEVO

20 de marzo de 2026
La Plataforma Animalista de Villena cuestiona la celebración de espectáculos taurinos en la ciudad y denuncia lo que considera un retroceso ético incompatible con una sociedad moderna. En este artículo de opinión, advierten sobre la normalización de la violencia como forma de ocio y apelan a la responsabilidad institucional para avanzar hacia un modelo de ciudad basado en la empatía y el progreso social.

Hace apenas unos días, Villena volvió a vestirse de historia. Las Fiestas del Medievo recrearon la visita de los Reyes Católicos a la ciudad en 1488, llenando el casco histórico en una escenografía que nos invitaba a mirar el pasado como memoria de identidad y de patrimonio popular. Pero toda recreación histórica encierra una pregunta incómoda: ¿qué parte del pasado queremos representar y qué parte deberíamos haber dejado atrás para siempre?

Porque el problema empieza cuando lo medieval deja de ser escenografía y vuelve a convertirse en costumbre. Y eso es exactamente lo que ocurrirá el próximo 22 de marzo, cuando la plaza de toros de Villena acoja una novillada. Entonces ya no estaremos ante una teatralización del pasado, sino ante su resurrección moral: la normalización pública del dolor, la sangre y la humillación convertidas en espectáculo.

Ese es el verdadero retroceso. No el Medievo festivo que se teatraliza durante unos días, sino el Medievo ético que reaparece cuando la violencia se disfraza de cultura y se ofrece desde una plaza pública como si aún no hubiéramos atravesado la Ilustración. Porque la Ilustración no fue solo un periodo histórico: fue la promesa de que la razón, la compasión y el progreso moral debían sustituir a la brutalidad normalizada. Y, sin embargo, en Villena hay responsables públicos que han optado justamente por lo contrario: por seguir administrando la costumbre más cruel como si fuera patrimonio intocable.

Se dirá, una vez más, que “es legal”, que “es tradición”, que “siempre se ha hecho”, “que la ley lo permite”, como si estas frases agotara toda responsabilidad. Pero la política no consiste solo en hacer lo mínimo que no prohíbe la norma; consiste también en decidir qué modelo de ciudad se impulsa, qué valores se protegen y qué límites éticos se quieren marcar. Y ahí es donde nuestro equipo de gobierno queda en evidencia. Porque cuando ha tenido que elegir entre avanzar o mirar hacia otro lado, ha optado por mirar hacia otro lado. Cuando ha tenido que ejercer liderazgo moral, se ha refugiado en la coartada administrativa. Cuando ha podido dignificar el uso de un espacio público, ha preferido seguir cediéndolo a la sangre.

En 2025 Villena acumuló una secuencia de espectáculos taurinos que muestra una clara apuesta institucional por mantener y ampliar esa agenda. Es una tendencia. Es la confirmación de que, lejos de contenerse, la agenda taurina ha encontrado en Villena una puerta institucional abierta. Y esa puerta no la ha abierto la ciudadanía por sí sola; la han mantenido abierta quienes gobiernan y quienes han hecho posible estas autorizaciones. Eso no es neutralidad. Eso es una elección política.

Más grave todavía resulta lo relativo a la infancia. La Fundación Franz Weber reclamó al Ayuntamiento de Villena una campaña específica para desincentivar la entrada de menores a la novillada del 22 de marzo. Lo hizo recordando, además, que el Comité de los Derechos del Niño de la ONU ha pedido a España que fije sin excepción los 18 años como edad mínima para asistir o participar en festejos y escuelas taurinas. Y lo hizo en un contexto en el que la propia Ley 26/2018 de la Comunitat Valenciana establece en su artículo 70 que las personas menores de edad no podrán participar ni asistir a espectáculos cuyo reglamento contemple daños físicos o psíquicos sobre personas o animales. A pesar de todo ello, no consta una reacción política a la altura de la gravedad del problema.

Eso también es una forma de gobernar: fingir prudencia mientras se consiente la normalización de la violencia. Hablar de infancia, de convivencia y de valores en los discursos institucionales, pero guardar silencio cuando toca actuar. Llenarse la boca de educación y de ciudad amable, mientras se permite que niños y adolescentes sigan creciendo con el mensaje de que el sufrimiento puede ser entretenimiento, de que la agonía puede ser tradición y de que la empatía siempre puede aplazarse si hay intereses, costumbres o cálculo político de por medio. Eso no es cultura. Eso es pedagogía de la desensibilización.

Y no, esto no va solo de toros. Va de la clase de sociedad que estamos construyendo. Va de si la plaza pública sirve para ampliar la conciencia colectiva o para degradarla. Va de si entendemos la cultura como un espacio de creación, encuentro y sensibilidad, o como una coartada para repetir viejas violencias. Va de si nuestros gobernantes están dispuestos a acompañar el progreso moral de la sociedad o prefieren quedarse anclados en un modelo de “pan y toros” que, por muy antiguo que sea, no deja de ser pobreza ética revestida de costumbre.

Por eso, lo que ocurrirá el 22 de marzo en Villena no será únicamente la muerte ritualizada de varios novillos. Será también una derrota simbólica. Una derrota de la empatía frente a la insensibilidad. De la educación frente a la banalización de la violencia. Del progreso frente al inmovilismo. Y será, sobre todo, la evidencia de que parte de nuestra dirigencia local ha abandonado la responsabilidad de construir una ciudad mejor para conformarse con administrar aquello que nunca debió seguir siendo normal.

Villena no necesita volver al Medievo. Villena necesita salir de él de una vez por todas.

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