Esmara (Campamentos de Tinduf, Argelia).
La creatividad, la educación y la solidaridad se han unido en “Las Voces del Viento”, un proyecto
humanitario impulsado por Noemí Lorente y Leo Maciá que ha llevado música y aprendizaje a los
campamentos de refugiados saharauis. Durante cuatro días, el Colegio Abda Mohamed de Esmara se
convirtió en el epicentro de una iniciativa que transformó materiales reciclados en instrumentos y, sobre
todo, en herramientas de esperanza.
El proyecto consistió en la elaboración de instrumentos de percusión a partir de plástico reciclado —
botellas, cubos y otros objetos—, fomentando no solo la creatividad, sino también la conciencia
ambiental. Más allá de la construcción, el taller incluyó la enseñanza de ritmos básicos impartidos por
Noemí, que acompañaban el sonido de la dulzaina interpretado por Leo, generando un espacio de
aprendizaje colectivo y expresión cultural.
La experiencia culminó en un acto final organizado por el propio colegio, donde se entregaron
distinciones a los mejores expedientes académicos del trimestre y se reconocieron diversas iniciativas
humanitarias en curso. En ese contexto, un grupo de niños y niñas saharauis voluntarios ofreció una
emotiva exhibición musical que reflejó el impacto del taller.
En el mismo acto también se puso en valor la labor de difusión educativa de la Radio TV Solwan de
Esmara, dirigida por Fanana, cuya actividad resulta clave para la cohesión social y cultural de la
comunidad. Precisamente, Leo Maciá ya había colaborado anteriormente con esta emisora, participando
en un reto deportivo solidario que permitió recaudar fondos para su equipamiento. Durante este nuevo
viaje, pudo comprobar que los recursos donados siguen en uso, además de visitar la emisora y realizar una
entrevista centrada en la realidad de la mujer saharaui.
El viaje, organizado por la Delegación Murciana junto a la de Valencia, comenzó con un vuelo desde
Alicante hasta Argel, donde los participantes visitaron, entre otros lugares, la mezquita más grande del
mundo árabe. Desde allí, continuaron hasta Tinduf, la ciudad habitada más cercana a los campamentos, y
finalmente recorrieron unos 50 kilómetros en autobuses donados por ciudades españolas, atravesando una
carretera deteriorada que simboliza el aislamiento de la zona.
Durante su estancia, Noemí y Leo convivieron con una familia saharaui, conociendo de primera mano las
duras condiciones en las que sobreviven más de 175.000 personas desde hace décadas. La población
saharaui vive en estos campamentos tras haber sido expulsada de su territorio, el Sáhara Occidental, en un
conflicto aún sin resolver. A pesar de los compromisos internacionales sobre el derecho de
autodeterminación del pueblo saharaui, la situación sigue estancada, dejando a miles de personas en una
realidad de abandono prolongado.
El viaje también incluyó visitas a distintas instalaciones clave para la comunidad. En un dispensario local
se entregó material de higiene donado por Farmacia Belda de Villena, mientras que en la sección de
oftalmología del Hospital de Rabouni se distribuyeron gafas recogidas gracias a la colaboración de
familiares y amigos. Asimismo visitaron el Museo de la Resistencia, donde un guía conocido como “Paco
el del Museo” mostró minas antipersona desactivadas y armamento incautado, no como exhibición bélica,
sino como testimonio del conflicto y sus consecuencias. Entre los restos, destacaban banderas de países de
procedencia de dichas armas, recordando la dimensión internacional del problema.
Más allá de las actividades concretas, “Las Voces del Viento” dejan una huella profunda. En un contexto
donde los recursos son escasos y el futuro incierto, iniciativas como esta aportan algo más que
entretenimiento: ofrecen educación, autoestima y la posibilidad de imaginar un mañana diferente. La
música, en este caso, ha servido como lenguaje universal para tender puentes y recordar que, incluso en
las condiciones más adversas, la dignidad y la creatividad siguen vivas.
Este proyecto demuestra que pequeños gestos pueden tener un gran impacto. Un instrumento construido
con plástico reciclado puede convertirse en una herramienta de aprendizaje, pero también en un símbolo:
el de una comunidad que resiste, que crea y que sigue esperando justicia.